
Últimamente no tengo suerte con las películas. Está visto para sentencia.
La última que he visto pertenecía a un ciclo de cine francés, y es de la que me dispongo a hablar ahora. Siempre que puedo apoyo este tipo de iniciativas, porque es una de las pocas oportunidades que tenemos en este pueblo de ver cine en versión original en pantalla grande.
Pues bien, mi recomendación para los organizadores es la siguiente, si la próxima vez os apetece que no estemos sólo doce en la sala no elijáis la película más tediosa y absurda del director más desconocido del mundo sólo porque es cine de autor y les encanta a los críticos.
La peliculita en cuestión recibe el nombre de Capitaine Achab y, como algún avezado lector ya habrá supuesto, no es sino una versión libre del director de la historia del capitán Achab, el personaje de la novela de Henry Melville, Moby Dick. Y ahí empiezan los problemas.
Alguien debería haberle dicho a Philippe Ramos que no puede pintar como una obra original una cinta cuya mitad de metraje cuenta el argumento de una novela clásica. Que no puede escoger a los actores menos expresivos del universo para hacer de gente desequilibrada pero tremendamente carismática. Que no puede poner una escena tórrida tras otra sólo para alardear de lo a contracorriente que va y de cómo el público general no le acepta porque es tonto y no comprende su obra. La historia es perfectamente entendible, de echo peca de simplista, el fallo radica en los elementos visuales que sólo buscan provocar estupefacción en el espectador, las imágenes no ayudan a la historia, más bien al contrario, la anulan dejando un amargo sabor de boca.
Y, por último, no entiendo cómo a los críticos les puede gustar semejante bazofia. Ah, sí, ya, porque es elitista y no la va a ver todo el mundo. Lo que se narra en este filme no es sino un Bildungsroman, es decir, la forja de un personaje legendario, como la mitad de las películas de superhéroes a las que normalmente ponen a caer de un burro; pero es que como son populares, taquilleras y las conoce todo el mundo ya no molan, vaya hombre. No sé cuál será el sentir general, el mío es que prefiero una película palomitera bien estructurada, aunque sea sencilla, siempre que me entretenga y me cuente bien una historia antes que un montón de imágenes inconexas grabadas por algún señor pagado de sí mismo que se considere tan inteligente como para opinar que los demás no están al alcance de su intelecto.
Eso sí, la fotografía da una sensación de frialdad y distancia muy conseguida, que supongo que es lo que pretendía Ramos. Aunque en mi opinión se podría haber dado ese mismo enfoque sin tanto enredo y tantas escenas que ocupan metraje innecesario y que no aportan nada sólo porque son avant-garde.
En resumidas cuentas, no era la mejor opción, señores del ciclo de cine francés, y se van a cargar ustedes una buena idea por culpa de su prepotencia. Hay mil películas francesas mejores que ésa, yo misma les sé dar un par de títulos y no soy ninguna experta, bájanse del pedestal del snobismo y escuchen a la gente, que a la postre es la que paga.