viernes, 24 de enero de 2014

La forja de un túnica negra, de Don Perrin y Margaret Weis



Ayer me terminé esta tetralogía reunida bajo un único volumen perteneciente a la saga de Dragonlance y que incluye las novelas 'Raistlin, el aprendiz de mago', 'Raistlin, crisol de magia', 'Raistlin, mago guerrero' y 'Raistlin, el túnica roja'. Los dos primeros fueron escritos por Weis en solitario, pero Perrin -su marido por aquel entonces- la ayudó con la redacción de los dos últimos. Estas novelas surgieron de la idea de contar la historia de infancia y juventud de uno de los personajes más populares y queridos de la saga, a pesar o quizás por su mordacidad, ambición y perfidia. La tetralogía nos narra así el comienzo de los estudios de magia de Raistlin, sus primeros viajes con sus compañeros -todos viejos conocidos-, su paso por la Prueba y la obtención del bastón de mago, y finalmente sus andanzas como mago guerrero en un ejército mercenario, siempre acompañado de su hermano gemelo Caramon y con apariciones esporádicas de sus compañeros y su hermanastra Kitiara.

De pequeña devoraba este tipo de libros: Dragonlance, Reinos Olvidados, Warhammer, Drizzt el elfo oscuro y demás dragonadas. En concreto, de Dragonlance llegué a leer Crónicas, Leyendas y todo lo referente a Huma. Luego Tolkien reapareció en mi vida, tras mis escarceos con El hobbit a los ocho años, y Dragonlance se volvió insulsa, aburrida y muy predecible. Sin embargo, siento que tenía una deuda pendiente con Raistlin y el resto de la troupe.

Las dos novelitas incluidas en el volumen que más me han gustado son las que escribió Weis en solitario, esto es, 'Raistlin, el aprendiz de mago' y 'Raistlin, crisol de magia'; y es sobre todo porque no se salen tanto de madre como las otras dos, en las que parece que Raistlin ha pasado de no poder leer de seguido dos palabras en el idioma de la magia a lanzar conjuros a porrillo en dos días. En el primer libro vemos a un Raistlin inexperto, más dependiente de su hermano moralmente hablando -que no físicamente-, un Raistlin menos contaminado por el orgullo, más humano y más "luminoso". La relación entre los hermanos se ve natural, condimentada siempre por la mordacidad del protagonista, que, aceptémoslo, nunca ha sido una hermanita de la caridad. Caramon y Kitiara cumplen perfectamente, cada uno en su papel y la trama de los padres de los gemelos no se alarga, planta una bases de continuación y da de sí lo que tenía que dar. La segunda sigue los pasos marcados por la primera, pero nos presenta de una forma más profunda al resto de los paterneires de los hermanos Majere, todos exactamente como los recordaba de las Crónicas. Digamos que la evolución de los personajes y su tratamiento psicológico no es precisamente el punto fuerte de Dragonlance. Con todo, una sensación de nostalgia me atrapó nada más comenzar a leer sus idas y venidas, imágenes de mí misma de niña leyenda a la luz de la lumbre en el pueblo o escondida bajo dos pares de mantas. La trama es más bien absurda, aunque Weis consigue reconducirla hacia el final con la separación de los compañeros, la venganza prometida y la Prueba de magia. El tercero y el cuarto narran las vivencias de Caramon y Raistlin enlistados en un ejército mercenario. Aquí todo se desborda. Raistlin es el mago del copón de las Crónicas sin un paso intermedio, Caramon de ser un poco corto ahora es un rematado imbécil, y lo único que remonta un poco el vuelo es Kitiara y su trama, que es la más coherente con respecto a los acontecimientos pasados. El final en el que las confluyen es para olvidar, pero era casi esperable, la Dragonlance nunca se ha caracterizado por poner buenos puntos finales.

En definitiva es un libro para leer sólo en dos ocasiones, bien de chaval cuando lees todo lo que cae en tus manos sin ningún tipo de criterio, o bien diez años después, arrastrado por la remembranza y la sonrisa tonta que se te dibuja al reencontrarte con tus viejos amigos y compañeros de correrías. Muchos diréis que Dragonlance no es más que una serie de tópicos puestos en fila y ordenados. Bueno, hubo un tiempo en el que no eran tan tópicos. Todas las dragonadas posteriores salen de aquí, de una pandilla de amigos que jugaba al rol en los ochenta y decidió poner por escrito sus partidas y compartirlas. Hicieron falta muchas Eowyns de Tolkien y muchas Kitiaras de la Dragonlance para tener en nuestros libros de fantasía épica féminas como Arya Stark o Milva, que no se dedican sólo a tejer y esperar a su amado y toman las riendas de su vida. Dragonlance tiene fallos, muchísimos, casi tantos como aciertos, siendo el más grande de ellos el haber inducido a la lectura a gente que no leía ni la cubierta del libro. A medida que se va leyendo el gusto se va refinando, el sentido crítico se desarrolla, pero siempre mantienes un huequito pequeño en la memoria dedicado a esos personajes con los que soñaste, disfrutaste y creciste, esperando algún día vivir mil aventuras en Krynn. Además, que si Blind Guardian le dedica una canción a La forja de un túnica negra y a Raistlin, ¿quién soy yo para negarle una entradita en este mi humilde blog?

2 comentarios:

  1. Cualquier libro que consiga hacer leer a la gente merece respero, sobre todo si con la promesa de aventuras y dragones atrae a los crios.

    Lo bueno es que entonces no estaba la HBO ni los efectos por ordenador para hacer una serie como con Cancion de hielo y fuego. Ahora en vez de coger un libro esperan a la serie, que rabia.

    Yo no he leido nada de Dragonlance y leido esto, no lo voy a hacer jajajaja
    Pero me tienes que pasar ese del motorista en carretera transalpina y el de G.RR Martin de ciencia ficcion.

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  2. Tengo muchas reseñas de libros pendientes, a ver si las despacho pronto, pero sí que me gustaría reseñar específicamente esos dos, a ver si alguien se anima a echarles un vistazo, porque lo merecen. Y claro que te serán pasados, faltaría más.

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