La película me ha dejado un regusto amargo, pero es justo decir que no me ha cabreado, como sí que han conseguido algunas películas vistas recientemente. Me refiero a que no es mala, no, está bien planteada y aunque carece de originalidad y genio narrativo y padece de una previsibilidad absoluta es lo que se espera de ella. Estamos ante una leyenda del folklore popular japonés, si no fuera previsible para quien la conoce estaríamos ante una mala adaptación, independientemente o no de que sea una buena o mala película. Lo que me da pena no es eso, es el partido que se le podría haber sacado, en lugar de una película vibrante, que mantuviera en vilo al espectador y su interés estamos ante una película vacía, que no transmite nada y en el mejor de los casos te deja indiferente. En cierto modo, es como un cuadro o una composición musical que tú sabes que es espectacular técnicamente, muy bonito y cuidado, con detalles mirados al milímetro... pero no te aporta nada, no te llega, ni te hace sentir. Supongo que Keanu Reeves sufrió el mismo efecto con el guión, porque no cambia la expresión del rostro en ningún momento. Comentaban mis acompañantes que no sabían si estaba declarando amor eterno o amenazando de muerte a su enamorada, y no podían estar más acertados.
Keanu es, para mí, el gran lastre de la película, para un actor de su talla el personaje al que da vida es un fracaso. Y un movimiento empresarial por parte del productor el escoger a un actor occidental de protagonista para asegurarse el público caucásico. Su Kai resulta carente de emoción o sentimiento alguno y una decepción. Su peso en la trama es importante, pero yo me quedé con la sensación de que el verdadero protagonista de la historia no era otro que Ôishi (encarnado por un mucho más entonado Hiroyuki Sanada). La historia de amor entre Kai y Mika me produjo una indiferencia rayana en el aburrimiento, y me pareció superficial y prescindible, en tan sólo una o dos escenas queda mucho mejor esbozado el amor entre Ôishi y su mujer que entre estos dos petardos (hablando mal y pronto) que ocupan casi la mitad del metraje. Por otra parte, Tadanobu Asano -irónicamente-, como el señor Kira y Rinko Kikuchi como la bruja hacen una interpretación más que aceptable. Él es tan despiadado y avaricioso como se le presupone y ella no podría ser más inquietante.
En el apartado visual es excelente. La ambientación está elaborada con mimo y los efectos especiales, salvo alguna excepción, son muy decentes. La fotografía es preciosa y los trajes y las espadas se ven realistas y bastante documentados, así como el espectáculo de teatro Nô. Las coreografías en batalla no son nada realistas, pero teniendo en cuenta que se trata de una adaptación cinematográfica de una leyenda con brujos, magia y bestias ni siquiera lo considero un fallo. Además, es casi un baile ensayado, que sí que mantiene la atención del espectador en lo que está presenciando.
Por otra parte, algún problema de ritmo, con una introducción demasiado lenta para hacer que el espectador se sienta identificado con Kai, aunque sin conseguirlo; y una primera parte con una premisa que flojea en comparación con la segunda, mención especial a la escena de la isla de los holandeses que parece bochornosamente sacada de Piratas del Caribe. La segunda mitad ya sí que consigue atraer al público (al menos a mí). Aún más, no puedo dejar de mencionar el respetuoso tratamiento de la cultura japonesa, sus valores y de los conceptos de honor y venganza, totalmente alejados de la visión occidental.
En resumen, una película que podría haber sido mucho mejor se queda simplemente en olvidable y mejorable; no obstante, tiene algún punto interesante y es una buena opción para verla en casa, ahorrándose lo que cuesta el cine.

Nada que objetar. Un buen analisis y toda la razon. Yo creo que voy a coger la peli y voy a cortar todas las escenas de Kai o referentes a el, ganara mucho.
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