miércoles, 15 de mayo de 2019

Porqué la gente ha decidido que ahora odia Juego de Tronos



Me he lanzado a escribir esta pequeña y, seguro, superficial y mejorable, reflexión porque sigo perpleja ante las reacciones tan violentas, decepcionadas y, qué queréis que os diga, risibles del espectador medio ante el último capítulo emitido de Game of Thrones (, el penúltimo, 8x03, The Bells). Por supuesto, esta entrada es una mina de spoilers de los libros de la saga A Song of Ice and Fire y de la serie. Si no vais al día, corred, insensatos.

No es mi intención ofender a nadie al decir que el revuelo que se ha montado me parece ridículo pero tengo que admitir que, realmente, me hace muchísima gracia que muchos se rasguen las vestiduras, hablen de que les han arruinado ocho años de su vida con este final o pidan que se vuelva a rodar la temporada 8 entera simplemente porque… Bueno, porque en la serie no ocurre lo que ellos quieren que pase. Porque la película que se habían montado en su cabeza no coincide con la de los showrunners. Porque el personaje que más les gustaba, con el que se identificaban y cuya historia les había enganchado durante años no ha resultado ser el estereotipo que deseaban que fuera.

Yo creo que es un movimiento valiente lo que han hecho con Daenerys. Historias de reyes elegidos por una profecía que vuelven del exilio para recuperar su trono y devolver a su reino el esplendor perdido ya hay para aburrir (hola, Aragorn, ¿todo bien por Gondor?). Canción de Hielo y Fuego siempre ha sido otra cosa. Martin ha hecho mucho hincapié en que la saga tendría un final agridulce y hay pistas sobre el futuro de Dany por toda la saga y por toda la serie, si se quieren ver. Daenerys nunca fue de mis personajes favoritos, quizás eso me ayudó a verlo venir, pero su giro hacia la locura no es inconsistente con el personaje, no es incoherente, es más, es predecible. Los delirios de grandeza del personaje, su inestabilidad, sus ansias de venganza y su incesante necesidad de ser amada o, en ausencia de esto, temida siempre han estado ahí, impregnando todas sus tramas, su punto de vista y su línea argumental. Otra cosa es que sea un personaje con el que sea fácil identificarse e involucrarse personalmente, que lo es. No es accidental, Martin la ideó así, profundamente Targaryen, grandiosa, admirable pero con un lado retorcido, oscuro, que podía descontrolarse y tomar protagonismo. El lema de los Targaryen, del que Dany se siente orgullosa y que enarbola constantemente, es Fuego y Sangre. Fuego y Sangre, colegas. Tiene la misma sutileza que un martillo neumático. Desde el principio, se siente atraída por la figura de Aegon el Conquistador, no de Jaehaerys el Conciliador. De Aegon, del Targaryen que llegó a Poniente de un país extranjero a lomos de un dragón negro forzando a los nobles de los 7 Reinos a elegir entre convertirse en sus vasallos o en carne a la parrilla. Daenerys habla de sí misma como del dragón, tal como lo hacía su hermano Viserys –y con ése no hay dudas sobre su locura- y, concretamente, lo hace comparándose con su hermano, del que dice que no era un verdadero dragón, ella lo es. No es figurativo. Ella cree a pies juntillas que su destino es conquistar Poniente y sentar su culo Targaryen en el Trono de Hierro. No lo hace por caridad, ni porque Cersei sea una reina cruel, sino porque es su derecho por herencia, le pertenece por su abolengo rancio, su pelo platino y sus ojos violetas. Por ser Targaryen, sin más. Dany dice a menudo, tanto en los libros como en la serie, que volverá a Poniente para tomar lo que es suyo, a fuego y sangre. Y cuando hace exactamente eso, todo el mundo se lleva las manos a la cabeza y dice que han destrozado la coherencia del personaje. A ver, yo no soy muy lista, pero creo que venía avisando hace tiempo que se le podía ir de las manos el tema. Asimismo, especialmente en los libros, se nos muestra que Daenerys es una buena conquistadora, se le da genial arramplar con los dragones y tomar ciudades; pero es una terrible gobernante, que ve enemigos por doquier, que se impacienta en cuanto las cosas se salen de su plan establecido, que no acepta más visiones que la suya propia, que castiga a quienes no comparten su visión de sí misma como la gran salvadora y libertadora de Essos. Daenerys cree que todo el mundo ha de estarle agradecida, y es cierto que sus intenciones siempre son buenas, pero su manera de ejecutarlas no lo es. Padece, muy a propósito, el complejo del conquistador: “¿cómo puedes no adorarme si te he traído libertad, si he civilizado la ciudad?” sin pararse a pensar en cómo afecta esa nueva situación a los eslabones más débiles de la sociedad, de los que, como siempre, los más ricos y poderosos sacan partido. Uno de los ejemplos más claros, aparte del conflicto con las arenas de combate de Meereen, se ve con Mirri Maz Duur. Para Dany, Mirri debería estarle agradecida por salvarle la vida y evitar que la violen. No contempla en ningún momento que Mirri pueda odiarla porque su khalassar ha destruido su ciudad, asesinado a su familia y destrozado todo su mundo y que planee vengarse. En la serie tenemos más ejemplos, durante la anterior temporada todas sus líneas de diálogo pasaron a ser “Bend the knee”. Su única misión en la vida es ser la reina, recuperar el poder que le han arrebatado a su familia, y si no doblas la rodilla y te pliegas a sus designios prepárate, que va a haber barbacoa. Precisamente por eso, Daenerys Targaryen es un personaje tan rico y tan complejo, no es el estereotipo de la reina prometida, es un personaje con muchos defectos, muy gris, como todos los de Martin, absolutamente imperfecto. Y eso, entre otras cosas, es lo innovador, lo destacable, lo subversivo y lo meritorio de Canción de Hielo y Fuego.

La serie, claro, adolece de muchas cosas desde que no hay libros que seguir. Pero no es nuevo, ni tiene nada que ver con esta oleada de odio repentino. Han faltado capítulos, ha ido todo muy rápido, pero la idea es buena. Y la ejecución es correcta. Nos hemos tragado la imagen de la reina perfecta, libertadora de esclavos, rompedora de cadena, a pesar de todas las pistas. Porque mola. Porque nos encanta que la joven, bella y valiente Daenerys vuele en dragón y sea aclamada por esclavos que la llaman, ojo, “madre”. Si eso no es paternalismo imperialista, baje R’hllor y lo vea. Y nos horroriza descubrir que no es tan buena, ni tan admirable como pensábamos. Y creo que ése es el objetivo de los guionistas, y ojalá veamos pronto, si también de Martin con el personaje.
En cuanto al trigger de la locura, Daenerys es un personaje dañado. Ha sido vendida, violada, ha vagado como una mendiga, ha perdido a toda la gente que amaba y a dos de sus hijos, y encima ve amenazadas sus aspiraciones al trono, que es su motor y su objetivo, por un tío que resulta que ahora, de buenas a primeras, tiene más legitimidad que ella y al que la gente prefiere como rey. Como para que no se te vaya la pinza en algún momento teniendo en cuenta sus antecedentes. Creo que en los libros esta amenaza, más que por Jon, puede darse también por parte del Aegon Targaryen (aka Griff el Joven) de A Dance with Dragons –que curiosamente es el nombre nuevo que le han puesto a Snow-, y que para llegar a este punto la trama se desarrollará de otra manera, sólo Martin lo sabe.
Hablando de Jon, es curioso cómo ha habido también muchas críticas porque Jon no pinta nada, no mata al Rey de la Noche, sólo está ahí para mirar al horizonte con cara de pánfilo y llamar “my queen” a Daenerys. Y es que Jon también ha sido así siempre. Ha unido al Norte, era el elegido en el Norte, the King in the North, pero en el Sur no es nadie. Ha estado aislado en el Muro, curiosamente igual que Dany en Essos, no ha vivido el politiqueo del continente, no sabe desenvolverse en el nido de víboras que es una corte, no sabe ni por dónde le viene el aire. La última vez que tuvo que verse en una de ésas en el Muro como Lord Comandante, acabó más agujereado que un colador. A mí realmente me parece muy coherente con el personaje.

Así que, resumiendo, sí, entiendo las críticas que arguyen que la serie lo ha contado mal, muy por encima, sin indagar, muy rápidamente; pero no las críticas por la falta de coherencia con los personajes. Puede gustarte o no gustarte su desarrollo, pero no es nada incoherente. Y ya está, ésa es la noticia. No prometo escribir más de seguido, ni una entrada a la semana ni nada de eso, porque me conozco muy bien y sé que se quedará en agua de borrajas. Hasta otra… Quizás.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson

Lo confieso, no me gusta mucho lo poquito que he leido de literatura sueca, y no es que estas novelas tengan malos argumentos, ni malos personajes, ni estén mal escritas, ni mucho menos; es simplemente que el estilo tan directo al grano, tan parco y desnudo, tan meticuloso en detalles técnicos y tan sencillo en la descripción de la psicología de los diversos personajes -y que parece ser una constante de los autores suecos a los que he tenido el gusto de leer-, no me termina de llegar, ni de emocionar, ni de interesar. Esta novela llegó a mis manos gracias a mi madre, que la recibió como regalo de cumpleaños. Estamos ante una novela irónica y humorística, un tanto absurda y burlesca, y crítica, muy crítica con todos los regímenes políticos existentes en el siglo XX, especialmente con el comunismo y Stalin -que imagino que al autor y a los suecos les toca por cercanía geográfica-. A algunos les parecera que Jonasson hace gala de un sentido del humor exquisito, a mí me sobrepasó un poco, la buena suerte de los protagonista me resultó excesiva y hube de suspender la incredulidad en algunos puntos. Que juegues como autor con el humor absurdo no significa que no haya reglas, y me imagino que el maestro Pratchett debería ser un ejemplo para todos en eso, hay reglas que no se conforman con nuestros estándares, reglas absurdas en nuestro mundo pero no en el suyo. Esta novela se desarrolla en Suecia, en la Suecia que conocemos, pero el autor recurre a deus ex machina continuamente para hacer avanzar la historia. Da igual en los líos que se meta el protagonista, aunque parezca que no hay salida, siempre sale de ello airoso, lo que se vuelve predecible e incluso molesto para el lector.

La novela cuenta la historia de Allan Karlsson, un anciano internado en una residencia que acaba de cumplir cien años. Lejos de disfrutar con la celebración de su cumpleaños, Allan decide saltar por la ventana de su habitación y esfumarse de allí. Se dirige a la estación de autobuses donde un joven muy maleducado y desagradable le deja a cargo de su maleta mientras va al baño y Allan, ni corto ni perezoso, se sube al autobús con una maleta repleta de millones de coronas suecas de origen poco claro. Éste es el punto de partida de la historia de un abuelo nada convencial, como iremos descubriendo gracias a los flashbacks intercalados en la acción presente. Allan nos presenta así la historia del siglo XX y se codea con personajes de toda índole: de Franco a Mao, de Roosevelt a Stalin, de Oppenheimer a Erlander. Gracias a su positivismo y sentido del humor veremos como sus correrias y ocurrencias le conducen nada menos que al lugar menos emocionante del mundo, una residencia de ancianos.

Los personajes son esbozos, salvo Allan que para eso es el protagonista principal, al que se le llega a tomar cariño a pesar de ser un vejete resabiado y algo cargante. Claro que, quién no lo sería habiendo tenido una vida y unas experiencias como las suyas. Ninguno de los demás me ha llamado especialmente la atención, con la notable excepción de Benny, el eterno estudiante, y Gunilla, la Bella Dama más malhablada de la historia de la literatura. Dos personajes éstos fantásticos y enternecedores, así como la pareja de adorables bobalicones formada por la  indonesia "Amanda" y Herbert Einstein.

Sobre el estilo ya hemos hablado, muy sueco si podemos llamarlo así. Escaso en metáforas y embellecimiento literario, muy detallista con cosas que no intersan al lector en principio -como el nombre del supermercado en el que compra Allan-, extremadamente directo y descarnado y sorprendentemente poco emocional, valga como ejemplo que se habla de muertes y vidas como simples hechos fisiológicos- que es lo que son, claro, pero no es así como se sienten-.

Si os gusta la literatura sueca y estáis hartos de novela negra de intriga a lo Läckberg o a lo Larsson quizás sea vuestro libro. Abrid la mente y dejaos llevar, es la mejor manera de disfrutarlo. ¡Nos leemos!

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Las tumbas de Saint-Denis, de Alexandre Dumas



Hoy también voy a realizar una reseña más bien cortita al tratarse de un relato, no de una novela propiamente dicha; de hecho, sería más correcto decir que esto es una recomendación, no una reseña ni un comentario. Podéis encontrar este relato fácilmente en internet o en diversas colecciones de la obra de Dumas, siendo la más famosa de ellas la que lleva por título precisamente Las tumbas de Saint Denis y otros relatos.

No voy a desvelar absolutamente nada del argumento. En primer lugar, me parece que sería arruinar los esfuerzos de Dumas para lograr que el título sea sugestivo, la misma historia está envuelta en ese aura de misterio tan propia de autores románticos como el que nos ocupa. El mismo título es puramente romántico y decimonónico: cementerios y religión en cuatro palabras. ¿Qué más se puede pedir? Por la misma razón, vais a disculparme esta licencia, creo que el relato funciona mejor sin tener ni idea de lo que va. Es una narración muy breve, apenas una docena de páginas, vale la pena ir a ciegas.

Está narrado con la meticulosidad y el preciosismo que caracterizan a Dumas, trufado descripciones de los escenarios donde se desarrolla la trama, que toman más protagonismo que los propios personajes. Es un cuento delicioso de leer, y una buena manera de enfretarse al autor francés por primera vez si se tiene miedo a empezar con esos mamotretos que son El conde de Montecristo o Los tres mosqueteros. De esta manera, el lector puede acostumbrarse a su estilo o directamente decidir si le gusta o no, y si vale la pena atreverse con obras más extensas y exigentes.

Como última sugerencia, como siempre, insisto en leer Las tumbas de Saint Denis en versión original. Es perfectamente asequible con un nivel de francés intermedio y casi resulta un sacrilegio no leer a Dumas en su lengua. Yo abogaría más, incluso, por elegir como material curricular un relatito como éste en lugar de una adaptación de El conde de Montecristo como se hace en muchos institutos. Es cierto que ésta última puede ser más atractiva por el hecho de que se han realizado varias adaptaciones complementarias, como la película americana o las celebérrimas e incontables adaptaciones de Los tres mosqueteros, pero una adaptación resulta infructuosa si se quiere tener una visión acertada del estilo de uno de los maestros de la literatura universal y de la francesa en particular. En mi opinión lo más adecuado sería leer un relato breve en versión original sin privar a los alumnos de disfrutar de la miniserie francesa de 1998, no incluyo las otras porque a pesar ser muy entretenidas y bonitas visualmente, no son muy fieles a las novelas, que digamos.

Y hasta aquí por hoy y, como siempre, ¡nos leemos!

martes, 2 de septiembre de 2014

Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso



Le tenía ganas a este libro y, aunque hace bastante que lo terminé, no podía dejarlo pasar sin una reseña. Siempre es un placer apoyar a autores españoles que escriben sci-fi y fantasía, géneros mayormente denostados en los círculos literarios del país, así que no podía resistirme a echarle una ojeada a esta novela.

La historia que nos narra es la de Mac, un viejo rockero venido a menos, que se gana la vida como mecánico y cuya pasión son las motos y un antiguo amor de juventud... Perla. Un día la susodicha se presenta en su taller proponiéndole hacer una ruta en moto como en los viejos tiempos, sólo ellos y el rugir de los motores. Mac, ni corto ni perezoso, acepta la oferta y ambos acaban recorriendo la Transtaiga, la carretera que transcurre por el norte de Alaska y Canadá, uno de los sitios más inhóspitos y solitarios del mundo donde moran los indios cree y amenazas milenarias y nuevas al acecho de sus presas.

Tengo que decir que esperaba algo más de esta novela. Me gusto muchísimo el punto de partida, la premisa, y se maneja muy bien hasta la mitad de la novela, engarzando flashbacks y recuerdos de Mac para complementar la historia presente entre capítulos. No obstante, me parece que a Bueso se le fue un poco la pelota en la segunda parte, de la mitad al final. Todos los personajes encajan pero el lector necesita suspender la incredulidad para admitir toda esa serie de "coincidencias", porque mira que es casualidad que se encuentren todos en la Transtaiga. La parte fantástica quiere ser explicada con ciencia, en mi opinión, a veces no es necesario explicar las cosas y un monstruo venido del averno es más misterioso e intrigante que los experimentos de científicos. La magia se diluye, pierde todo el encanto y en ocasiones hasta el interés del lector; que se lo cuenten si no a Lucas y a sus midiclorianos. Me sentí ligeramente decepcionada al acabar el libro, partía de una premisa muy interesante pero se fue quedando atrás y se extravió por el camino, esperaba algo más de Bueso, aunque es una cuestión de trama, a mí no me convence, quizás sí a mucha gente.

El estilo de Bueso es particular. Muy directo, sin ambigüedades, son derechazos directos a la cara. Bien regado de expresiones coloquiales y juramentos de todo tipo, se lee muy rápidamente y da una sensación de cotidianeidad con la que cualquiera puede sentirse identificado. No parece una historia que estés leyendo, nino una que te estuviera contando un colega. Me gusta esa manera de redactar, pero me carga un poco, quizás por estar más acostumbrada a autores clásicos. La suerte es que es una novela breve, así que a pesar de ello no sentí ganas de abandonar. De cualquier manera, es una novela bien redactada y que elige un estilo para mantenerlo hasta el final, muy coherente por parte de su autor.

Sobre los personajes, resumiendo, todos son unos capullos odiosos. A los cree tienes ganas de matarlos a palos desde el principio, a el astrónomo y su hijo se les compadece, da verdadera lástima que no sepan ni dónde oyen campanas. En cuanto a Perla, uno va cogiéndole asco paulatinamente hasta que la ve, no como una persona enferma, sino como una desgraciada, aprovechada e incapaz de sentir culpa. Mac... A Mac se le entiende, se siente pena por él, se le conmisera... pero no se le quiere, ni se le toma cariño, ni sufre uno por él. No deja de ser un personaje patético, y creo que es lo que el autor busca. No quiero hablar mucho más de Mac para no revelar el final pero baste decir que es un cobarde y una persona tremendamente insegura ya por razones sentimentales o fisiológicas, y como tal se comporta durante gran parte de la historia.

En resumen, es una novela interesante, tiene una premisa muy atractiva y todos los ingredientes para resultar en una buena novela fantástica pero se pierde en el camino y nunca vuelve a encontrarse. Bien redactada y con gran potencial. Seguiré de cerca a Bueso, es muy posible que encuentre novelas más afines a mí entre su bibliografía.

¡Nos leemos!



 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Pacific Rim



Hoy me apetece hablar de Pacific Rim, película dirigida por Guillermo del Toro, que vi en el cine pero revisioné hace bien poco. Es una película sencilla, entretenida, divertida y palomitera. Un blockbuster veraniego en toda regla. La premisa es tan sencilla como parece en el trailer robots enormes contra monstruos gigantes, en este caso llamados Kaijus (voz japonesa para monstruo, no es muy original que digamos).

Su fuerte, como podéis adivinar, no es el guión, que es más bien sencillo y supeditado a la espectacularidad de la lucha entre robots y monstruos. No obstante, es uno de esos filmes que te traen recuerdos de series como Mazinger Z o Evangelion, de las que bebe sin pudor -no hace falta más que ver los trajes o que Mako es una versión real de Rei Ayanami-.Hay mucho de la admiración de Del Toro por este tipo de manganimes del género mecha en la película. Es un homenaje del director a esas series y películas que tan bien se lo hicieron pasar en su momento. También es posible ver referencias entre otros a Final Fantasy. Es un canto de amor al cine geek, a esas cintas de bichos grandes que destruyen todo a su paso y se pegan de mamporros con criaturas más grandes todavía. Y es una de las películas más honestas que he visto en mi vida. Del Toro quiere mostrarte hondanadas de hostias y te las da, no te vende absolutamente nada más, ni transcendencia, ni una falsa profundidad en la trama, ni diálogos pseudo-sesudos. Sólo la simpleza, la frescura, la diversión y la nostalgia del cine de monstruos y catástrofes de su infancia. Y es maravilloso.

Visualmente es una pasada. Tanto los kaijus como Gypsy Danger, Cherno-Alpha y demás están muy cuidados en el aspecto externo y las batallas son impresionantes, los movimientos genuinos y naturales. Una ambientación futurista muy bonita, estilizada y bien conseguida.

Los personajes son sencillos, apenas esbozos en un papel blanco, pero es que los protagonistas no son ellos, es la lucha que tienen detrás. De todos modos, buen trabajo en general salvando el caso de Rinko Kikuchi que me ha sorprendido para mal en el papel de Mako. Puede dar mucho más de sí, era una de las cosas que se salvaban de 47 Ronin, sin ir más lejos. No obstante, es más un tema de guión que culpa suya, el personaje es más simple que el mecanismo de un botijo y no se podía sacar demasiado jugo a esas frases. Mención especial en línea positiva para Idris Elba, actorazo como la copa de un pino, de un carisma arrollador y que se come la escena cada vez que aparece en pantalla.

La música es repetitiva pero muy acertada, mezclando la típica melodía épica de batalla con tintes electrónicos y futuristas, muy adecuada para este tipo de filme y tremendamente machacona. Reto a quien sea a no tararear la melodía al terminar de verla, es imposible.

En resumen, una película divertida y muy recomendable para esas tardes de verano con amigos y palomitas. Una última sugerencia, evitad la versión doblada a español como la muerte, por no sé qué extraño motivo, la japonesa Mako tiene acento francés. ¡Nos leemos!


domingo, 31 de agosto de 2014

Troya



Hoy, aprovechando la coyuntura de que la emitieron este viernes en televisi´´on, vengo a hablaros de una película, para mi gusto, tremendamente infravalorada y que debería recibir mayor reconocimiento del que tiene. Y sí, antes de que nadie se me tire a la yugular, he leído la Ilíada y la Odisea y estoy al tanto de las muchas licencias que se tomaron el director y los guionistas en la película. Algunas son más molestas que otras, pero en su conjunto a mí no deja de parecerme una buena película.

En su infinita hipocresia los americanos decidieron pasar por alto la bisexualidad de Aquiles -que fue muy, muy corriente en todos los estadios de la civilización griega, ya que la mujer no tenía acceso a los estudios en general, se consideraba al varón como al compañero del alma, el amor real, y a la esposa como recurso para procrear, la pareja que te da herederos que perpetuen tu linaje-. Como digo, convierten a Patroclo -amante del héroe-, en su primo. Y sí, es tremendamente absurdo, pero no afecta en ningún caso a la narración, Aquiles actúa de la misma manera a su muerte, con lo que no cambia nada. Briseida nunca tuvo tal papel en la obra de Homero, pero Hollywood siempre necesita una romántica pareja del héroe (que si hubieran sido valientes hubiese sido Patroclo), no obstante no está mal dibujada y no molesta.

Los personajes están bien trabajados y definidos, todos son como deben ser, de Príamo a Agamenón, de Héctor a Aquiles, de Odiseo a Paris, de Helena a Andrómaca. Mención especial al caso de Aquiles y Héctor, dos hombres formidables que se admiran y respetan, cada uno con sus motivaciones y expectativas, muy bien plasmadas, sin requiebros ni ambajes. Si acaso tengo alguna pega, la pondría en Diane Kruger como Helena, sí que la chica es bonita, pero uno esperaría algo más que esa suave belleza lánguida de la mujer más bella del mundo conocido. En cualquier caso, los actores hacen un buen trabajo, comedidos y emocionados cuando toca.

Visualmente es donde más se puede prodigar uno en halagos. Físicamente los personajes encajan con la descripción que da Homero de ellos, y los escenarios están cuidadosamente bien recreados. Las coreografías son muy estudiadas y artificiales, pero estamos hablando de héroes griegos, hijos de dioses, no me rechina en absoluto que las batallas de uno contra uno no sean realistas. Ese retratismo se deja para las batallas a gran escala, por ejemplo, la que se desarrolla después de que Héctor mate a Menelao. Y esa visión de los mil barcos zarpando a Troya, al menos a mí, me trae esa epicidad de la que la Ilíada rebosa.

Quizás lo más criticable sea la ausencia de los dioses, que son los motores que hacen avanzar la trama en la obra de Homero, y que aquí se nombran, se temen y adoran, pero no aparecen como personajes como tal. Fue una decisión creativa que puede despertar más o menos discrepancias pero que, en este caso, yo aplaudo. Es muy difícil dar vida a un dios, ya se ha intentado multitud de veces y nunca ha salido bien. Como entes venerados pero sin poder real sobre la historia funcionan, le dan al argumento un toque más realista, menos de leyenda. Me gusta mucho la mitología clásica, demasiado como para que me la destrocen, y lo mismo me ocurre con la pompa épica que rodea toda la obra de Homero. Me encanta, pero es inimitable, y mucho menos en una película.

Sé que mucha gente está en desacuerdo con esto, es una mera opinión personal. Si a alguien le apetece discutirlo siempre es un placer. Nos leemos.

viernes, 29 de agosto de 2014

Las canciones solitarias de Laren Dorr, de George R.R. Martin



Hoy no traigo la reseña de una novela, sino de un relato corto de George Martin -conocido por la saga Canción de Hielo y Fuego y su famosa adaptación televisiva Juego de Tronos-, recogida en el recopilatorio Dreamsongs. No obstante, también podéis encontrar esta historia de apenas once páginas en la revista Gigamesh o en internet siempre que no os importe leer en inglés. El vocabulario es bastante asequible y a mí me parece una buena práctica para estudiantes de nivel intermedio/avanzado. Esta reseña, por motivos obvios, va a ser un pelín más breve, sobre todo porque no quiero desvelar el argumento.

La premisa del relato es el viaje interdimensional de la protagonista, Sharra, una joven que salta entre mundos para rescatar a su amado. En uno de estos saltos, cae en un mundo cuyo único habitante es un hombre solitario llamado Laren Dorr. Y hasta ahí puedo leer si no quiero desvelar nada importante.

Como todas las obras de Martin el estilo es directo y muy cinematográfico, pero lleno de sensibilidad. Se concede mucha importancia al sentido de la maravilla, a la amenaza que se cierne -gran homenaje a Tolkien por ahí-, a la música y las canciones, al poder que no se puede controlar y a la melancolía, al amor imposible y su añoranza. Es mi relato favorito de todos los que he leido de Martin. Increiblemente bonito e imaginativo, muy inspirado y sentimental. Cualquiera que sienta pasión por la música o por la fantasía lo va a apreciar como se merece, estoy segura. Gran capacidad de síntesis por parte de Martin, que en sólo una docena de páginas consigue emociarnos y hacernos empatizar con Laren y Sharra, cuando hay autores que en novelas larguísimas no te hacen preocuparte en ningún momento por el destino de los personajes ni que les depara su viaje. Mención especial a ese final, delicioso simplemente. Personajes bien construidos, a los que se llega a entender y compadecer, a los que se llega a querer.

No puedo desvelar nada más si no os quiero reventar el argumento. Leedlo, de verdad que es una maravilla. Y con esta sencilla recomendación me despido por hoy. ¡Nos leemos!