jueves, 26 de diciembre de 2013

La leyenda del samurai (47 Ronin)



Ayer nos surgió como plan improvisado acudir al cine, y aunque dudábamos entre La vida secreta de Walter Mitty y ésta que nos ocupa, al final nos decantamos por los samurais.

La película me ha dejado un regusto amargo, pero es justo decir que no me ha cabreado, como sí que han conseguido algunas películas vistas recientemente. Me refiero a que no es mala, no, está bien planteada y aunque carece de originalidad y genio narrativo y padece de una previsibilidad absoluta es lo que se espera de ella. Estamos ante una leyenda del folklore popular japonés, si no fuera previsible para quien la conoce estaríamos ante una mala adaptación, independientemente o no de que sea una buena o mala película. Lo que me da pena no es eso, es el partido que se le podría haber sacado, en lugar de una película vibrante, que mantuviera en vilo al espectador y su interés estamos ante una película vacía, que no transmite nada y en el mejor de los casos te deja indiferente. En cierto modo, es como un cuadro o una composición musical que tú sabes que es espectacular técnicamente, muy bonito y cuidado, con detalles mirados al milímetro... pero no te aporta nada, no te llega, ni te hace sentir. Supongo que Keanu Reeves sufrió el mismo efecto con el guión, porque no cambia la expresión del rostro en ningún momento. Comentaban mis acompañantes que no sabían si estaba declarando amor eterno o amenazando de muerte a su enamorada, y no podían estar más acertados.

Keanu es, para mí, el gran lastre de la película, para un actor de su talla el personaje al que da vida es un fracaso. Y un movimiento empresarial por parte del productor el escoger a un actor occidental de protagonista para asegurarse el público caucásico. Su Kai resulta carente de emoción o sentimiento alguno y una decepción. Su peso en la trama es importante, pero yo me quedé con la sensación de que el verdadero protagonista de la historia no era otro que Ôishi (encarnado por un mucho más entonado Hiroyuki Sanada). La historia de amor entre Kai y Mika me produjo una indiferencia rayana en el aburrimiento, y me pareció superficial y prescindible, en tan sólo una o dos escenas queda mucho mejor esbozado el amor entre Ôishi y su mujer que entre estos dos petardos (hablando mal y pronto) que ocupan casi la mitad del metraje. Por otra parte, Tadanobu Asano -irónicamente-, como el señor Kira y Rinko Kikuchi como la bruja hacen una interpretación más que aceptable. Él es tan despiadado y avaricioso como se le presupone y ella no podría ser más inquietante.

En el apartado visual es excelente. La ambientación está elaborada con mimo y los efectos especiales, salvo alguna excepción, son muy decentes. La fotografía es preciosa y los trajes y las espadas se ven realistas y bastante documentados, así como el espectáculo de teatro Nô. Las coreografías en batalla no son nada realistas, pero teniendo en cuenta que se trata de una adaptación cinematográfica de una leyenda con brujos, magia y bestias ni siquiera lo considero un fallo. Además, es casi un baile ensayado, que sí que mantiene la atención del espectador en lo que está presenciando.

Por otra parte, algún problema de ritmo, con una introducción demasiado lenta para hacer que el espectador se sienta identificado con Kai, aunque sin conseguirlo; y una primera parte con una premisa que flojea en comparación con la segunda, mención especial a la escena de la isla de los holandeses que parece bochornosamente sacada de Piratas del Caribe. La segunda mitad ya sí que consigue atraer al público (al menos a mí). Aún más, no puedo dejar de mencionar el respetuoso tratamiento de la cultura japonesa, sus valores y de los conceptos de honor y venganza, totalmente alejados de la visión occidental.

En resumen, una película que podría haber sido mucho mejor se queda simplemente en olvidable y mejorable; no obstante, tiene algún punto interesante y es una buena opción para verla en casa, ahorrándose lo que cuesta el cine.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Los viajes de Tuf, de George R.R. Martin


A pesar de los numerosos compromisos laborales, sociales y estudiantiles de estos días he sacado algo de tiempo para culminar con la lectura de un libro de uno de los autores que más en voga están actualmente debido a su saga, transformada en serie de televisión por HBO, Canción de Hielo y Fuego. Cabe destacar, sin embargo, que esta novela precede a su opera magna por muchos años y su misma estructura es radicalmente diferente a la de ésta. Para empezar, se trata de un fix-up (tan comunes en la ciencia ficción), un procedimiento consistente en la recopilación de varios relatos independientes que comparten un personaje o un elemento que los une como una columna vertebral. En el caso que nos ocupa, ese elemento de unión no es otro que su protagonista Tuf, y en menor medida el planeta de S'uthlam. De hecho, cada capítulo narra la resolución de un problema que el protagonista resuelve en el curso de sus viajes, siendo el primero en ser escrito Llamadle Moisés, que pasó a ser el capítulo sexto de la novela (y a mi parecer el más flojo).

Pongámonos en antecedentes, Tuf es un comerciante independiente que viaja por el espacio en su modesta nave tratando de ganarse la vida, pero no es un comerciante corriente: Tuf es calvo, obeso, enorme en altura, con la piel asombrosamente pálida y ni una pizca reconocible de emoción en el rostro o en la voz. Es vegetariano, come y bebe cerveza en exceso, adora a los gatos y posee una personalidad muy particular de la que ya hablaremos más adelante.
Tuf se hace con una nave, el Arca, vestigio del Antiguo Cuerpo Interestelar de Ingeniería Ecológica, extinto hace más de mil años antes de que él hubiera nacido. Gracias a los poderes del Arca, Tuf reconduce su orientación laboral como ingeniero ecológico pero la marca con la impronta de su especial carácter.

He leido muchas críticas negativas hacia este libro, y si bien no es lo mejor que ha demostrado poder hacer Martin, a mí me parece una entrada más que decente en el mundo de la sci-fi, que además comparte universo con su primera novela "real" publicada (Los viajes de Tuf es anterior, pero se considera una antología más que una novela por derecho propio): Muerte de la luz. Es cierto que al ser relatos independientes, se nota un escalón en el nivel de unos u otros. Por ejemplo, el segundo (Los panes y los peces), el tercero (Guardianes) y el quinto (Una bestia para Norn) son claramente superiores al resto, mientras que Llamadle Moisés, Una segunda ración y Maná del cielo quedan muy por detrás en términos de captar el interés del lector, de ritmo e incluso de forma. El primero, La estrella de la plaga, tiene un aire muy a lo space-opera muy interesante, si disfrutásteis de Star Wars o Star Trek, os va a molar si por el contrario no os gustan demasiado estas dos famosas sagas corréis el riesgo de que os aburra, pues un homenaje velado.

En cuanto al personaje de Tuf mi opinión se halla dividida entre el asombro y el odio. Tuf es redicho, presuntuoso, maquiavélico, prepotente, resabiado, no le gusta que nadie le toque, siempre lleva razón y siempre ha de hacer su voluntad. Además, es completamente honesto, haga falta o no, y uno nunca sabe si es una especie de Forrest Gump petardo o un genio maquinador a lo Borgia. No obstante, aunque el personaje per se me provoque una absoluta repulsión, he de admitir que Martin ha hecho un gran trabajo con él. Consigue que de cuando en cuando te parezca encantador, y tiene mucho mérito al respetar en todo momento las características no muy propensas a ello que ya le adjudicó. Y además está el tema del humor, los discursos de Tuf son hilarantes, a veces por ridículos y otras por sagaces, pero lo cierto es que no puedes evitar una carcajada cada vez que suelta una parrafada. Con respecto a los demás personajes, probablemente sólo tenga una especial importancia Tolly Mune, ya que es la única que aparece en distintas historias aparte del protagonista. Me gustaría dejaros descubrir a esta heroina (que lo es, mucho más que Tuf), pero no os imaginéis a la típica mujer tremenda y de escaso intelecto que sirve de interés amoroso del protagonista. Para empezar, Mune y Tuf no están unidos ni siquiera por la amitad, mucho menos el amor, y no existe ningún contacto físico entre ambos. Ella supone un contrapunto refrescante al egoismo de Tuf, siempre buscando el punto medio y salvar todos los muebles posibles, siempre que exista una posibilidad aunque sea mínima.

Con respecto al tema de los gatos, y lo digo porque si comprais la edición más reciente veréis un gato en portada, no tienen tanto peso en la trama como la portada podría sugerir. Probablemente Dax, un gato negro telépata, si que tenga su propia importancia independiente del resto de personajes, pero son más un rasgo, una característica y una debilidad de Tuf más que personajes por derecho propio.

Lo dicho, no es la mejor novela de Martin ni mucho menos, pero es muy recomendable si queréis leer unos cuantos relatos breves frescos y originales enmarcados en el género de la ciencia-ficción. Si alguno le dais una oportunidad, ya sabéis donde estoy. ¡Nos leemos!

martes, 17 de diciembre de 2013

El hobbit: La desolación de Smaug


Como todo fan de la obra de Tolkien que se precie de serlo, no podía faltar a la segunda película de la trilogía (cinematográfica, que no literaria) de El hobbit. Por trailers, posters y alguna otra información suelta, llegué al cine con una mezcla de sensaciones entre las que no podía decidir cuál prevalecía. Por un lado, mi parte talifan deseaba ardientemenete ver la película, fuera cual fuera el resultado. La parte racional, por contra, pedía calma y trataba de minimizar el impacto que mis expectativas previas pudieran tener sobre el resultado final.

La cosa se ha saldado con un empate. Tratándose de un producto tan comercial, famoso y extendido, estaba claro que al señor Peter Jackson le iba a dar lo mismo ocho que ochenta en lo que respecta a los seguidores de la novela. No necesita contar con nosotros, dada la cantidad de gente que va al cine a ver sus películas sin haber leido el libro, como ya ocurrió con El señor de los anillos. Teniendo esta trilogía como antecedente, no esperaba una extrama fidelidad y respeto por la obra original de parte de Jackson, ya que no lo había demostrado previamente, pero un tenue rayo de esperanza en cuanto a estas exigencias se vio avivado por la muy decente adaptación de la primera parte de la historia -El Hobbit: Un viaje inesperado-. Sin embargo más me hubiera valido no esperar nada, toda esa supuesta fidelidad la ha echado a perder y tirado a la basura.

Vamos por partes. Peter, ¿para qué sacas a Beorn como personaje de relleno? Sácalo o no lo saques, pero no andes con medias tintas. Bardo. Demasiado Bardo. Un personaje que tiene un papel mucho menos significativo que Beorn pero que ve incrementada su relevancia por obra y gracia de Peter Jackson y su decisión tremendamente parcial sobre los personajes que le caen bien (aún recordamos todos la vilipendiada participación de Faramir en la trilogía para dar más cancha a Aragorn). Y llegamos al meollo del asunto: los elfos. Los elfos que no pintan apenas nada pero ahí están, acaparando medio metraje de la película con sus poses  molonas, sus lentillas aberrantes y su triángulo amoroso interracial sacado totalmente de la manga. Vamos a ver, Jackson, ¿no ves que le restas toda la importancia y el valor a la amistad (primera amistad) surgida entre un enano y un elfo, entre Gimli y Legolas? ¿A qué viene lo de inventarte una elfa guerrera molona -cosa que ya intentó con Arwen y tuvo que claudicar porque él mismo vio que no salía bien- y liarla con un enano? Es absurdo, y si Tolkien lo llega a ver le da una embolia de pecho, no por el tema de la interracialidad (que ya trata con los anteriormente mencionados Legolas y Gimli), sino porque no es el momento, ni el lugar, ni concuerda con la evolución de Legolas. Dicho esto, y una vez que mis entrañas de fan se han revuelto, han ardido y exigido la cabeza de Peter Jackson servida en bandeja de plata, he de admitir que como película de aventuras a la vieja usanza funciona.

Sí, funciona, a pesar de todo lo dicho anteriormente, y te deja con ganas de ver la siguiente, te mantiene pegada al asiento y es increible lo bien que es capaz de venderte Jackson su producto. Smaug es impresionante y Cumberbatch se sale, las escenas de acción están deliciosamente bien rodadas, los efectos especiales son espectaculares aunque yo sigo echando de menos ese encanto cutre de los disfraces de monstruos en lugar de tantos efectos digitales por los que los han sustituido, Martin Freeman es el mejor Bilbo que podíamos desear y en general, el elenco está bien escogido y cumple con su función condenadamente bien. Por eso me da aún más pena que Jackson se empeñe en inventarse historietas, porque no puedo dejar de imaginarme lo increible que hubiera sido poder tener una adapación de (no una película ligeramente basada en) El hobbit. Además, se hace muy difícil no pensar que un resultado tan irregular podría haber sido ampliamente mejorable si tan sólo se hubiera rodado una película, que es lo que precisaba un cuento de apenas 300 páginas; parece que una vez más Don Dinero ha inclinado la balanza a su favor frente a la calidad que los espectadores demandábamos. Mi niña interior hubiera dado saltos de alegria, en lugar de únicamente esbozar una sonrisilla pensando en lo que pudiera haber sido y no fue.

martes, 3 de diciembre de 2013

Fábulas



No había escrito nada aún sobre cómic y me parece inadmisible, así que era necesario resarcirse aunque sea con esta entrada tan breve. He elegido precisamente este cómic por tratar una de mis temáticas preferidas: adaptación de historias, leyendas y literatura populares. Un mundo de fantasía, personajes de sobra conocidos como los protagonistas de los cuentos, de mitos o novelas mundialmente famosa con un tono amargo y oscuro como de novela negra, fantasía y realidad mezcladas... tenía todo para engancharme y, por supuesto, lo ha conseguido.

Fábulas es una extensa colección de Bill Willingham en la que toma prestados elementos y personajes de la cultura dándoles su toque y entremezclándolos en la ciudad de Nueva York. Os pongo en antecedentes, se suele decir que Fábulas es el Shrek adulto, aunque el primer manuscrito llevaba mucho tiempo en los despachos de Vertigo antes del estreno de la cinta del ogro verde, sin embargo, no se atrevieron a darle una oportunidad a la obra hasta comprobar que otra de temática similar cosechaba un cierto éxito. Además, Willingham había sido respetado anteriormente, pero se había pasado una década sin dar con nada que gustara y satisficiera a su público. Si Willingham se hubiera llamado Moore, o Gaiman o Ennis estaríamos hablando de una situación bien distinta. Es por esta razón que se considera que Fábula es una versión para adultos de Shrek. No obstante, no tienen nada que ver una con la otra. 

Los personajes del folklore se han visto obligados a escapar de su mundo de cuento de hadas (las Tierras Natales)  huyendo de un invasor, comunmente denominado El Adversario. De esta forma, se asientan en Nueva York todas aquellas fábulas que posean una apariencia humana mientras que los gigantes, animales parlantes, objetos inanimados, animales mitológicos y demás son enviados a un territorio al norte de la ciudad. e fundan así Villa Fábula en la urbe y La Granja en las tierras norteñas respectivamente. Los personajes son reinterpretados y están totalmente alejados de la versión que se da de ellos en sus historias, y de hecho, también en otras versiones -ya podría Once Upon A Time tomar nota de estos cómics-. Por lo tanto, podemos encontrar a una Blancanieves, principal responsable del buen funcionamiento de la villa, divorciada del Príncipe Azul, quien por cierto es un buscavidas y un mujeriego que también anduvo casado con La bella durmiente y Cenicienta, entre otras, a su hermana Rosa Roja, una muchacha inconsciente y juerguista principal causa del divorcio de su hermana, un Lobo Feroz humano y reconvertido en sheriff, personajes diversos de El libro de la Selva, otros como Barba Azul o Jack el de los cuentos, homenajes a Peter Pan, Las mil y una noches e incluso Rebelión en la granja.

En conclusión, un retablo de personajes clásicos pero absolutamente originales y un aire noir que atrapa al lector en cuanto comienza a leer aderezado con toques de fantasía y mostrando un gran respeto por los originales. Para mí, y lo voy dejando ya por temor a irme de la lengua y reventar alguna historia, una serie totalmente recomendable y a la que deberíais dar una oportunidad si os gusta el mundillo del cómic. La serie está dividida, como es habitual, en arcos argumentales diferenciados además de varios spin-offs pero es fácil de seguir si se empieza por Leyendas en el exilio en adelante. 

Sé que últimamente las entradas no son sólo breves sino también escasas, trataré de solucionarlo más adelante, de momento éste es todo el tiempo que dispongo para dedicarle a esto. En el fondo, sigue siendo un rinconcito virtual  que creé para mi esparcimiento, así que seguirán siendo esporádicas y de corta duraciñon mientras siga sin tener tiempo o ganas. A más ver, señores. Nos leemos.