Le Guin es una autora estadounidense bien conocida por todos aquellos que leáis literatura fantástica, al menos eso espero, ya que es la autora de la afamada saga de Terramar (llevada al cine) y ha ganado numerosos premios dentro del género. La obra que tenemos entre manos hoy, de hecho, gano los premios Locus de 2008. La novela llegó a mí de casualidad, fue un regalo de cumpleaños para mi hermana que yo ayudé a elegir y creo que debí elegir bastante mal porque finalmente me ha gustado mucho más a mí que a ella. Lavinia recibe su nombre de su protagonista que, en realidad, no es más que un personaje apenas nombrado en La Eneida de Virgilio.
La novela narra, pues, la vida de Lavinia, hija del rey Latino de Laurentum, y su visión de uno de los héroes épicos más importantes de la historia de la literatura, Eneas. No es, sin embargo, la historia de Eneas sino que es el punto de vista femenino de los acontecimientos acaecidos alrededor de Eneas y eso es lo que la hace tan interesante. Lavinia, en La Eneida, no es más que un nombre, no es más que la mujer hacia la que Eneas es dirigido por el destino para fundar en sus dominios una gran ciudad. En esta obra, Le Guin intenta adivinar cuáles serían los pensamientos, sentimientos y reacciones de Lavinia ante tal situación, su mundo antes de la llegada de Eneas y su conformación como germen de la civilización occidental. Le Guin, además, maneja con maestría conceptos de la cultura grecorromana tan importantes como la restauración del honor, la inevitabilidad del destino o la hibris. Es por eso que la lectura se vuelve mucho más cautivadora si uno está relacionado con dichos conceptos y con obras de autores clásicos como La ilíada y La Odisea de Homero y, por supuesto, La Eneida de Virgilio. Creo que, exactamente eso, fue lo que falló en el caso de mi hermana.
La perspectiva además es única y original como pocas, Le Guin no sólo da voz a un personaje terciario que sólo aparece nombrado en el sexto libro de una historia mucho más grande sino que este personaje es consciente de que no existe, de que es fruto de la inspiración del Poeta (Virgilio). Lavinia ha sido bendecida por los dioses y es capaz de augurar y profetizar acontecimientos futuros cuando duerme junto a los manantiales sagrados. Allí es donde mantiene sus conversaciones con el Poeta; así ella descubre que deberá casarse con un extranjero y que su marido no vivirá mucho tiempo. Lo más insólito y al mismo tiempo lo más atractivo es que ella sabe que no es real, no es historia, ella es consciente de que es literatura y sin embargo se siente real, sufre como real, disfruta como real, vive en definitiva como una persona real.
Lavinia es una novela cuyos temas principales son la guerra, el precio de la guerra y la pasión y ambiciones humanas; sobre la religión, los mitos, el poema épico y el arte de escribir, sobre las mujeres y las consideración y visión de ellas de los hombres, sobre su papel y su importancia. Es la manera de incluir una nueva voz que ni Virgilio ni ningún otro les había otorgado. A esto contribuye en gran manera la precisión y sensibilidad del estilo de Le Guin. Profusa en detalles cuando corresponde y austera cuando es necesario, trasladando los últimos tres libros de La Eneida al papel con gran respeto y admiración hacia la obra original pero introduciendo hechos y cambios para darle coherencia y cohesión al texto.
Los personajes están tan bien construidos que parecen vivos. Lavinia y Eneas, por supuesto, son los que más importancia reciben; pero el retrato psicológico de personajes como los padres de Lavinia (especialmente la madre y ese tratamiento tan adecuado y certero que hace Le Guin de su trastorno bipolar sin hacer nunca mención científica a ello para no saltarse el tiburón de su propia ambientación) o su hijo Silvio, además de Ascanio (el primer hijo de Eneas) o Turno (uno de los pretendientes de Lavinia), cada uno con sus propias ambiciones e inquietudes, no desmerece en nada al de los protagonistas. La ambientación, además, es soberbia y se ve todo el trabajo y cuidado que ha puesto la autora en él. Además, resulta un acierto elegir un momento del que nadie más ha escrito. No es la guerra de Troya, tratada innumerables veces en la literatura, ni la fundación de Roma, que también ha sido abordada en varias ocasiones; sino en el estadio intermedio entre ambos hechos, en un período que no parece importarle a nadie ya que Virgilio no lo hizo digno de consideración.
Finalmente, quisiera recomendar esta novela pero, aunque suene elitista, no a todo el mundo. Si tenéis nociones de literatura clásica o de historia grecolatina es una novela absorbente e imprescindible, pero si no es un tema que os atraiga es posible que os cueste reconocer lo grande que es esta novela en su brevedad. Más que una novela ésta, y perdón por el paralelismo, es una nivola: como antes hizo Unamuno, una novela sobre el hecho de ser un personaje de ficción y al mismo tiempo sentirte parte de un mundo vívido y real, parte de una historia mucho más grande que tú. Es metaficción, compleja pero genial, y Le Guin una autora que ha escrito una pequeña joya deliciosa que ha pasado desapercibida casi para todo el mundo y merecería mucho más reconocimiento del cosechado. Como siempre, sugerencias, comentarios, opiniones y demás son bien recibidas. Nos leemos.

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