viernes, 11 de octubre de 2013

Rush


La película que hoy nos ocupa es la última que vi en el cine, hace ya dos semanas. Me gusta la Formula 1, me interesa, me divierte y me hace aprender cosas nuevas -siempre he tenido la suerte de ver las carreras con gente que sabe mucho más que yo de coches-. No obstante, si es cierto que cada día va a más el pensamiento generalizado de que las carreras no se ganan en la pista, sino en los talleres y los despachos; la tendencia es desestimar la habilidad del piloto y otorgar cada vez más importancia a las características del coche. No es una idea peregrina: el que gana es el que tiene el mejor coche, hablando mal y pronto; esto hace que un deporte emocionante en el que los pilotos se jugaban la vida en cada carrera y mantenía con el alma en vilo a todos los espectadores de éstas se haya convertido en un entretenimiento vacuo y tedioso del que ya se conoce el resultado antes de empezar salvo rara sorpresa o error de cálculo. Howard, director que me ha sorprendido muy gratamente esta vez, debió pensar lo mismo que yo y decidió volver atrás en el tiempo a unos años en los que la Formula 1 todavía era una competición emocionante, arriesgada y un verdadero deporte y elige para ello como motor a una leyenda viva de la conducción: Niki Lauda.

El filme, como digo, se centra en las figuras de Niki Lauda y James Hunt pero no con el tono de una loa o una alabanza a sus carreras o su trayectoria, sino que retrata con pulso firme las vidas y la admiración, la rivalidad y el respeto mutuo entre ellos. La cinta no está dirigida a fans de Lauda o de Hunt, ni se centra tan sólo en uno de los dos; muy al contrario, los opone, los analiza y deja al espectador la tarea de juzgar sobre sus actos sin dirigirlo ni guiarlo a pensar que uno es el "bueno" y otro el "malo" o que las acciones de uno o de otro son más correctas moralmente que las del restante. Así, ambos pilotos son mostrados con sus luces y sus sombras. No estoy diciendo, y permitid que puntualice, que sea una biografía incuestionable, la película no es una biblia sobre ellos, no es ésa su intención, simplemente pretende ofrecer una visión objetiva de ambos y de los incidentes y decisiones que los llevaron por sus respectivos caminos. Los actores, por su parte, en una historia que otorga tanto peso a sus personajes principales habían de ser escogidos con cuidado. No tenía ninguna duda sobre Brühl, ya ha demostrado con creces que puede ser un gran actor con tiempo y si le ofrecen buenos guiones; pero estaba asustada por la idea de que James Hunt fuera llevado a la pantalla por Chris Hemsworth. Para mí, Hemsworth es un actor corriente, muy válido para protagonizar blockbusters y películas en las que el personaje no necesite ser excesivamente profundo, simplemente bien definido. El ejemplo es Thor, Hemsworth realiza un papel más que aceptable, defiende un guión con el que no se puede hacer más, es consciente de que en este caso la forma es más importante que el fondo y a tirar millas. Sin embargo, éste no era el caso. Esta historia y este guión requerían una exploración a fondo de la psicología del personaje y, tengo que admitir, que salva los trastos muy decentemente. Sí, señor. Resulta que el bueno de Chris no era sólo Thor. Sobre el resto de los personajes no hay mucho que decir, pues son meros vehículos para hacer que la historia avance.

El clímax de la película, y no es spoiler porque esto es de dominio general, es el gravísimo accidente de Lauda durante el Gran Premio de Alemania de 1976, del que salió vivo pero con quemaduras en el 80% de su cuerpo (valga como ejemplo para explicar la gravedad del accidente que llegó a recibir la extrema unción), volviendo a las carreras sólo seis semanas después. Las escenas son tratadas con mimo y cuidando que se pareciesen lo máximo posible a las imágenes emitidas por televisión durante el transcurso de la carrera. En general, la ambientación años 70 y la reproducción de los coches, el vestuario, el atrezzo y las carreras es sublime, quizás lo mejor de la película. Por ponerle alguna pega, Howard exagera con la cantidad de primeros planos que introduce (sí, ya sabemos que Hemsworth tiene unos ojos azules preciosos), a veces te enteras más de lo que está ocurriendo en la carrera por el narrador que porque realmente aparezca en pantalla. No deja de ser una película sobre coches, Ron, alguna secuencia más de carrera tampoco habría estado mal. Sin embargo, hay que admitir que tanto la historia personal de Lauda y de Hunt como su historial profesional están bien documentados y tratados con esmero y mucho trabajo detrás ( no en vano la ex-mujer del difunto Hunt y el propio Lauda no dudaron en asesorar a productores, guionistas y director y participaron activamente en el proceso creativo de la cinta).

No me quiero extender mucho más, sólo me gustaría aclara a quien quiera que esté leyendo esto que Rush no es una película sólo apta para amantes de los coches o de la Formula 1, sino un estudio de dos figuras que han pasado y pasarán a la historia desde un punto de vista cercano pero no condescendiente. Ninguno de ellos es presentado como el villano en contraposición al héroe, no existe una brújula moral, son sólo dos personas que se jugaban la vida en las carreras cada uno por motivos diferentes y todos igual de válidos y entendibles. El espectador, en este caso y de veras que resulta un oasis en estos tiempos, no es tratado como un ímbecil y tiene capacidad de decisión a la hora de juzgar los valores de los personajes, por una vez nadie nos lleva de la mano y nos dice cómo tenemos que pensar (y me sorprende mucho, viniendo como viene, de Howard). Tanto si conoces la historia de ambos pilotos como si no la película te atrapa y te mantiene en tensión hasta su final. Recomendaría además verla en cine por el tema de la espectacularidad de la semejanza entre el accidente real y el del filme, pero quizás ya haya sido retirada de cartelera pues ha obtenido unos datos de taquilla más bien discretos.

Como siempre comentarios, réplicas y todo tipo de feedback es recibido con alegría. Nos leemos.

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