miércoles, 16 de octubre de 2013

Dime quién soy, de Julia Navarro.



No me gusta Julia Navarro. Lo reconozco, me ocurre lo mismo que con Ildefonso Falcones, Dan Brown, Ken Follet o Ruíz Zafón; es leer su nombre y no poder evitar esbozar, institivamente, una mueca y dejar escapar un bufido. Y no, doña Julia, no es envidia porque usted venda mucho, como parece sugerir en las entrevistas que le hacen, no la considero una criminal por vender libros, ni que tenga que pedir perdón por ello; de hecho considero que tiene una gran visión de mercado. Ya lo dije en el caso de Falcones, no los considero malos autores por ser comerciales (no creo que exista nada más comercial en el mundo que Stephen King y yo estoy encantada con él), los considero malos autores porque aprovechan la moda del momento para colarnos obras de calidad literaria cuestionable y que la gente compra sólo porque en la portada queda engarzada una banda de un color muy llamativo que pone algo así como "tropecientagésima edición. Más de chopomil millones de lectores en más de x mil países". Por supuesto, cuando se hacen las cosas bien hay que reconocerlo, pero éste no es el caso.

Dime quién soy trata de ser un retrato histórico de la Europa moderna. ¿De qué exactamente? De todo. Y ése es uno de los principales problemas del libro, quiere hablarte a la vez de la Guerra Civil Española, del nazismo, del comunismo, de la II Guerra mundial y de la posguerra. Resultado: visión excesivamente general, sin centrarse nunca en un aspecto interesante concreto, y barullo, mucho barullo, que requiere una gran suspensión de incredulidad por parte del lector. La ambientación en sí no es excesivamente mala, hubiera quedado más factible y mejor descrita si Navarro se hubiera decidido sólo por uno o dos aspectos de la historia reciente europea en vez de hacer un cóctel con toda ella. El ritmo narrativo es inconsistente. A veces todo ocurre demasiado rápido y a veces todo sucede con una lentitud exasperante, da la sensación de que Navarro tenía muchas ideas al principio y las fue quemando, teniendo que solucionar la papeleta al final de forma muy apresurada y poco convincente. También se desprende un manejo de los tiempos un poco deficiente, por supuesto que está más documentada una reunión de sociedad aristocrática que un despacho de guerra, pero la segunda situación es mucho más interesante y Navarro o no las describe o sólo las aboceta sin aportar nada.

El gran abanico de personajes daría para mucho, y eso es un punto a su favor, hubieran resultado interesantes si hubiera sabido sacarles todo el partido posible... pero todos quedan eclipsados por Amelia, la protagonista y el principal problema de la novela. Descrita como una mujer bella, inteligente y con gran dominio de los idiomas, en palabras de otros personajes de la novela "la mujer más fuerte e íntegra que he conocido nunca". A ojos del lector -por lo menos de la que aquí suscribe- una niñata de buena familia, hipócrita y pretenciosa. No queda muy claro si para Julia Navarro plegarse a las ideas de los demás, dejarse arrastrar por el hombre de turno y juzgar las acciones de los demás de modo que ella sea sólo una víctima de sus errores es el súmum de la inteligencia. Se erige como una brújula moral para el resto de los personajes pero cambia de opinión según sopla el viento más favorablemente, lo que crea una contradicción entre lo que los demás personajes opinan de ella y los hechos que presenciamos por medio de la narración.

Finalmente, y para no alargarme demasiado (siempre podemos debatir en comentarios), hacer mención a ese final absurdo y que pretende ser el gran golpe de efecto, la gran revelación de la novela. Resulta barato, ridículo y bastante predecible, un triste intento de sorprender al lector, el clímax de la novela, un clímax que, si se me permite la referencia, no es sino un coitus interruptus. Podría ser perdonable, si la historia de Amelia que es lo principal tuviera la calidad que se le presupondría, pero no es el caso y queda como un burdo intento de cambiar las tornas.

Básicamente, eso es todo, conteniéndome para evitar spoilers. Probablemente ésta no sea la opinión mayoritaria, he visto otras críticas y todas le son favorables, pero como sabéis, es un blog personal y aquí queda recogido sólo mi punto de vista. Por supuesto, estoy interesada en conocer cualquier otro. Ahí abajo tenéis espacio para explayaros. Nos leemos.

2 comentarios:

  1. Todos hemos visto otras criticas, ya conoces la mia, me gusta pero tampoco me fascina. Sencillamente aprendí mucho de historia con el y eso es algo bueno. Otras criticas son otras, ya sabemos como funciona la publicidad y los criticos profesionales...

    Lo que si qu eme parece un pelin injusto por vuestra parte es: ¿Quien dijo que te tenga que caer bien la prota o que tengas que compartir su moralidad? Yo no lo hacia. De hecho, no me cae bien ningun personaje, solo el periodista y el medico.
    Conozco quien, le han hechado valor, y se han leido el Mein Kampf y son todo lo contrario ideologicamente a este tipo.

    El tema del ritmo... si es totalmente cierto, pero tambien es cierto que eso le da un toque mundano, de cotidianidad, porque en la vida normal y corriente a veces no ocurre nada y a veces ocurren muchas cosas de golpe.

    Para mi el gran fallo es haber usado solo a un personaje, si quieres repasar tantos momentos historicos en tantos lugares, usa varias historias con varios personajes y ves cruzandolas. Y lo de la tortura, nadie puede ser torturado tanto y tan brutalmente y no quedarse tan "sano", mental y fisicamente.

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    1. El problema no es que tenga que compartir o no la moralidad del personaje, de hecho Tellus, el protagonista de la saga Príncipe de nada de R. Scott Bakker, que recomiendo encarecidamente, es lo más opuesto a la palabra moralidad que te puedas echa a la cara, y me encanta. No es que no comparta su moral, es que no la posee, se sabe malvado y abraza esa misma naturaleza, no se justifica ni lo es porque lo es, es malvado y amoral porque ha decidido serlo. Es un estudio del personaje apasionante. Julia Navarro, muy por el contrario, ensalza las acciones, pensamientos y creencias de Amelia como las correctas, de ahí que se empeñe en justificar siempre todo lo que hace (el ejemplo que comentábamos de "es que era una mujer adelantada a su tiempo" cuando conviene y cuando no "es que era esclava de su tiempo"). Amelia funciona como una guía, como un personaje admirable desde el punto de vista de la autora y a mí me molesta mucho que me lleven de la mano (tanto en literatura como en cualquier otro soporte) y me digan "es así, porque así lo creo yo". Detesto que otros personajes la consideren una mujer extraordinaria y se pasen la novela alabándola, pero más aún que la autora lo haga. Pongo el ejemplo de Lo que el viento se llevó, que leí con 18 años y no he querido volver a abrir en lo que me resta de vida, a pesar de ser una novela magistralmente escrita y desarrollada, desde un punto de vista objetivo, simplemente porque me cabrea. Tú puedes mostrar la esclavitud desde un punto de vista realista, de la época, puedes poner en boca de los personajes reflexiones sobre la naturaleza de la esclavitud y justificarla, de la manera que quieras y creas más conveniente. Lo que hace la autora, sin embargo, es participar de ello ensalzando su propia subjetividad, dejándome claramente escrito que ella piensa que los negros son objetos y propiedades. Lo puede pensar, sí, pero hay formas mucho más sutiles y menos adoctrinantes de hacerlo. Cada cual es libre de creer lo que quiera, pero no tiene derecho a dar lecciones de moralidad y ética.

      Y sí, luego está el tema del ritmo. Si bien es verdad que a veces se pasan periodos de tiempo largos en los que no ocurre nada y otros muy cortos en los que si no ha pasado no existe resulta muy difícil de creer que una persona se viera envuelta en tanto tejemaneje, una novela no tiene por qué ser verídica (porque es ficción) pero sobre todo ha de ser coherente y veraz, aunque los hechos narrados no sean reales sí tienen que parecerlo en su contexto sin tener que recurrir a la suspensión de incredulidad del lector. De todos modos, estoy de acuerdo contigo en que parte de mi disgusto hacia este libro se debe también a mi intolerancia hacia Navarro. Y oye, si ha hecho que la gente se interese por la historia o aprenda algo relacionado con ella, no puedo más que alegrarme, reconocérselo y admitir que me parece algo muy meritorio.

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